Kylla Mónica Piqueras Bertie (Lima, 1979) ha consolidado una trayectoria artística que desafía las categorizaciones tradicionales, situándose en la intersección entre la plástica contemporánea, la investigación etnobotánica y la performance ritual. En su práctica de creación se extiende una búsqueda espiritual incansable. Autodidacta por elección consciente —tras un paso formativo por el diseño en Toulouse Lautrec, las artes plásticas en Corriente Alterna y las Humanidades en la Pontificia Universidad Católica del Perú—, Kylla ha desarrollado un lenguaje donde el movimiento corporal, danza clásica y contemporánea y la materia textil convergen como herramientas de autosanación y conexión cósmica.
Su obra es también, un homenaje al legado de su bisabuelo, el visionario escultor y arquitecto Manuel Piqueras Cotolí (Córdoba, España 1885 - Lima, Perú 1937). Si Piqueras Cotolí fue el artífice del estilo neoperuano, fusionando la vanguardia modernista europea con la iconografía precolombina para dotar al Perú de una identidad visual autónoma en el siglo XX, Kylla recoge este testigo histórico para llevarlo hacia una nueva dimensión. Su propuesta no busca replicar las formas del pasado, sino evolucionar esa tesis estética hacia un sincretismo vivo, donde lo ancestral dialoga fluidamente con lo contemporáneo, validando la sabiduría de comunidades originarias en los circuitos del arte contemporáneo.
Esta síntesis se materializa magistralmente en sus "Mantos", piezas de gran formato que se fusionan como cartografías espirituales. En obras emblemáticas como Iqaro —pieza ganadora del Primer Premio en el VI Concurso Nacional de Pintura del Banco Central de Reserva del Perú (2014)—, la artista despliega una complejidad técnica artesanal. Sus lienzos integran la precisión mecánica de la serigrafía con la calidez orgánica del teñido tradicional, el bordado minucioso, las acuarelas y la aplicación de pedrería. Este mestizaje técnico le permite articular un lenguaje visual único, donde la repetición de patrones geométricos y la vibración del color evocan los estados expandidos de consciencia y la geometría sagrada presente en las tradiciones espirituales del mundo.

Retrato de Kylla Piqueras Foto: Alejandra Vera Matos
Su investigación se sustenta en una inmersión profunda de más de quince años en la Amazonía y los Andes peruanos, donde convivió con comunidades locales para estudiar la riqueza de las plantas medicinales y las técnicas textiles ancestrales. Esta experiencia vivencial, sumada a su labor educativa a través de proyectos de creatividad comunitaria, otorga a su obra una legitimidad que trasciende lo meramente decorativo; cada pieza es un testimonio de un conocimiento recuperado. La obra de Kylla Piqueras ha logrado una resonancia internacional significativa, transitando desde exposiciones institucionales en Lima, como la muestra individual Portal en el ICPNA, hasta escenarios en Sao Paulo, Londres, Rusia, China y Estados Unidos. Recientemente, ha presentado su exhibición Santuario en México, reafirmando la vigencia de su discurso. Actualmente, vive y trabaja en Ciudad de México, desde donde continúa expandiendo este diálogo intercultural, tejiendo puentes entre la memoria histórica de su linaje y las urgencias espirituales del presente. #KyllaPiqueras
clara ESPACIO DE ARTE
SOBRE LA OBRA
PRIMER PREMIO NACIONAL DE PINTURA 2014
VI Concurso Nacional de Pintura del Banco Central de Reserva del Perú

Primer Puesto
Artista: Kylla Mónica Piqueras Bertie
Año: 2014
Título: “Iqaro” (canto de curación)
Técnica: Mixta sobre lienzo y encaje
Medidas: 140 x 200 cm
Colección del Banco Central de Reserva del Perú
El jurado que calificó las obras del VI Concurso Nacional de Pintura del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) en 2014 estuvo integrado por cinco reconocidos profesionales en el ámbito artístico: Christian Bendayán, Ángela Delgado. Natalia Majluf, Luis Eduardo Wuffarden, Moico Yaker.
PORTAL
Por Emilio Tarazona*
Las obras reunidas por Kylla Mónica Piqueras para este espacio erigen un lugar de transito que nos coloca como espectadoras/es ante un umbral: aquella zona intersticial donde quedarse observando o cruzar hacia ese otro lado propuesto, se hacen tanto opción deliberada como posibilidad en la que podemos también deslizarnos lentamente, sin darnos cuenta. La invitación a esa suerte de vértigo hipnótico captura la mirada dentro de una trama dinámica: aquí lo vibrátil e iridiscente de las imágenes ejerce un movimiento vórtice cuya fuerza sutil para desencajarnos nos permite acceso al espacio recóndito de un saber e intimidad en la que, paradójicamente, pertenecemos todas/os. Así, el orden, la estabilidad o simetría que define a estas piezas no deja de hacerlas, por el contrario, inquietantes y no hay forma de sustraerse a esta interpelación (o entrega): la fascinación por estos resplandores o pieles de escamas trémulas, incluso fibrilantes, que cambian con el ángulo de enfoque de la mirada, requieren de la directa confrontación.
En parte, sus obras son el estricto resultado de la conjunción (diremos, sideral) de arte y ciencia, mientras el resto queda definitivamente en el terreno de la hechicería (o la magia). Pero, no obstante, hay otra conjunción que se destaca: las imágenes son también resultado de formas de producción que combinan
tanto técnicas tradicionales como procesos trans-mediales, incluyendo indistintamente la pintura, la serigrafía, el objeto encontrado, el bordado, las mostacillas, el escarchado a mano, el diseño por computadora y (como una suerte de elemento catalizador) las luces exteriores tanto en reflexión y refracción, como las que proceden de circuitos de diodos emisores internos (LED).
Formalmente, el procedimiento en varias piezas describe un centro que resulta visualmente magnético, como una suerte de núcleo sideral rodeado por puntos que despliegan brazos de espiral que, aun cuando se expanden en varias direcciones, sugieren la forma de lacónicos y geométricos mandalas (‘círculo’, en la lengua sánscrito), remitiéndonos a esa representación oriental icónica de conexión entre macro y microcosmos. En otras, sucesivas capas de color serigrafiadas superponen formas que cubren la superficie de manera simétrica y en modo similar a las pequeñas retículas que recorren tanto las nervaduras de algunas hojas o a las líneas del tejido visible que revisten los pliegues, surcos o hendiduras en la piel. En ambos casos, estas referencias (astronómicas, fitomorfas o epiteliales) sugieren un proceso de captura, conducción e irradiación de energías que la artista describe como “el anhelo de plasmar la fuerza original de la luz en sus múltiples dimensiones”;
y ese efluvio o efecto que el ojo recibe sostiene cierta resistencia a la fotografía.
Aquí, la realidad estaría compuesta de ámbitos divergentes que se encuentran medularmente encadenados o insertos uno al interior del otro como si se tratara de una replica con variaciones que, cual bordado particular, conecta los ámbitos externos e internos siguiendo un patrón o algoritmo desconocido que atraviesa lo visible y lo invisible en las distintas escalas de sus estructuras fractales. Otras formas son producidas a partir de algunas como las descritas, pero desplegadas a modo de matriz en una suerte de juego de espejos múltiples (o caleidoscopio), donde un patrón, ya presente en otras piezas, se abre y yuxtapone a un gemelo mimético, dando origen a otras formas e imágenes, acaso imprevisibles, entre los límites y uniones que vibran animadas por una suerte de música o danza, con lógicas propias, auto- generadas y en cierto modo también secretas, haciendo que los marcos que ciñen en cierto modo sus imágenes se destaquen, por el contrario, como un contorno vulnerable, que tiende a propalar con sus distintas formas (como si se tratara de las pulsaciones de un quasar) las fuerzas, magnitudes o ritmos articulados en su interior.
Entendidas como frecuencias o visiones materializadas, la artista establece un lazo entre estas imágenes y algunos referentes estrechamente vinculados: de un lado, aquellos patrones geométricos formados por finas capas de arena sobre una placa de vidrio o metal que, en el Siglo 19, el físico y músico alemán Ernst Chladni, considerado fundador de la acústica (así como pionero en los estudios sobre los meteoritos), hace vibrar a diferentes amplitudes y frecuencias, generando dibujos efímeros a partir de las ondas sonoras; y, del otro, los kené (‘diseño’, en la lengua shipibo-konibo), tradicionalmente entendidos como una suerte de notación musical. Si los icaros que entonan los chamanes son el modo rudimentario de reproducir el sonido que adopta una determinada vibración energética en cada uno de los seres vivientes, aquellas formas gráficas resultantes, que trazan las mujeres de esta etnia que procede de la selva amazónica, pueden ser vistos como partituras de estos lenguajes, de otro modo imperceptibles, que procuran un diálogo o conexión con lo sagrado. Así como sabemos que la vista percibe la luz que rebota en los cuerpos en diferentes longitudes de onda y, por tanto, la imagen de un objeto no es en cierto modo más que un efluvio, la similitud entre las formas que se dibujan en las denominadas “placas de Chladni” (particularmente entre los 800 y 6200 Hz) y muchos de los trazados kené, parecen insinuar que pueden producirse resultados próximos bajo formas distintas de
auscultar la realidad. Si la materia es afectada o no por esas frecuencias (y de qué forma), acaso esta duda puede encontrar rutas de despliegue al interior de un diálogo no realizado entre los principios físicos y visibles que son base de la cimática y aquella experiencia transcendental y curativa que se ensaya en esos cantos-guías desde prácticas y rituales milenarios, realizados en las entrañas de la jungla peruana.
Estos intersticios (fisuras o conexiones) no parecen dirigirnos exactamente hacia una entidad, sustancia o ser (poco importa si abstracto o concreto), sino más bien reservarnos un hospedaje temporal en la estancia misma del entre: tanto las/ os maestras/os y ancestras/os, que artista y espectadores previamente hayamos o no, encontrado o advertido, han sido convocadas/os aquí (entre ellos, su bisabuelo paterno, el arquitecto y escultor Manuel Piqueras Cotolí) no como referentes sino como fuerzas actuantes e iconografías vivas. Allí reside también el sesgo religioso y al mismo tiempo subversivo de esta comunidad sin territorio preciso, adrede reunida en el recinto: el mundo tal como lo conocemos, ha establecido su dominio en base a una discriminación primordial que redujo tanto el lugar del pensamiento simbólico o mítico (mal llamado primitivo) como la función de la mujer, y por ello, siguiendo a Silvia Federici, la denominada persecución de las brujas no es un capitulo irrelevante de la ignorancia o el folclore pre-modernos del mismo modo que no lo ha sido el actual sistema económico consolidado luego de siglos de colonialismo y esclavitud.
La realidad observable ha sido cuantificada solo bajo los estrechos paradigmas que permite la teoría, con los dispositivos y campos de investigación-experimentación que ella permite. Si otros mundos, si otras formas de acceso al Multiverso aguardan (o existen), más allá de las avistadas por el choque de partículas del Gran Colisionador de Hadrones, es una pregunta abierta con respuestas aun cerradas dentro del conjunto de supersticiones modernas que, de un tiempo a esta parte, han tomado el nombre de progreso o de ciencia.
Bogotá, Septiembre, 2015.
Piqueras Bertie, Kylla Mónica. Portal. Catálogo de exposición. Lima: Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA), 2015. Curaduría de Emilio Tarazona.
* Emilio Tarazona es un curador, crítico e investigador peruano. Ha curado exposiciones en instituciones clave como el Museo Reina Sofía de Madrid y el Museo de la Inmigración de Buenos Aires. Es especialista en arte no-objetual y es autor de Accionismo en el Perú. Su enfoque se centra en el debate histórico y la práctica curatorial contemporánea.








