top of page

Alejandra Ortiz de Zevallos (Lima, 1995) se ha consolidado como una de las voces más distintivas del arte textil contemporáneo peruano, desarrollando un lenguaje escultórico que trasciende lo material para explorar las profundas conexiones entre vida, naturaleza y comunidad. Actualmente docente en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), poseedora de un MFA por la Universidad de Nuevo México, Ortiz de Zevallos representa una nueva generación de artistas que fusionan la investigación académica con prácticas ancestrales, creando puentes entre tradición e innovación.

El núcleo de su práctica artística reside en el trabajo textil como medio de exploración simbólica, donde cada fibra entrelazada se convierte en metáfora de la unidad, la interacción y la reproducción. Sus obras abordan temas fundamentales de la existencia: la creación de la vida, las dependencias simbióticas entre organismos y la compleja relación entre los seres humanos y su entorno. Esta aproximación filosófica y material sitúa su trabajo en el diálogo contemporáneo sobre ecología, interdependencia y sostenibilidad.

Su formación se ha enriquecido significativamente a través de residencias artísticas especializadas. Durante la residencia Mater 2020 en Moray, Cusco, Ortiz de Zevallos se sumergió en técnicas tradicionales de trenzado con fibras naturales, conocimientos que posteriormente ha compartido generosamente mediante talleres especializados. Esta transmisión de saberes alcanzó dimensión internacional durante su residencia WIP 2025 en el Textile Arts Center de Nueva York, donde continúa difundiendo estas prácticas ancestrales en contextos contemporáneos.

La trayectoria expositiva de Ortiz de Zevallos refleja un reconocimiento tanto nacional como internacional. En Perú, su obra ha sido presentada en instituciones prestigiosas como el Museo de Arte de Lima y el Museo AMANO. Un hito significativo

en su carrera es la instalación permanente en el nuevo aeropuerto Jorge Chávez de Lima, que posiciona su trabajo en un espacio de encuentro masivo y diverso. Internacionalmente, ha exhibido en espacios relevantes como Palazzo Madama (Turín), JCAF (Johannesburgo), Lagos (Ciudad de México) y Youmein (Tánger), demostrando la universalidad de su propuesta artística.

 Retrato Alejandra Ortiz de Zevallos por Graham De Lacy

Retrato de Alejandra Ortiz de Zevallos por Graham De Lacy.

Su excelencia ha sido reconocida mediante múltiples distinciones: en 2022 recibió una Mención Honrosa en el XII Concurso Nacional de Pintura del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP); en 2023 fue beneficiaria de los Estímulos Económicos para la Cultura; y en 2024 formó parte del equipo del proyecto ganador del Surge Fund de la Fundación McKnight, evidenciando el impacto y relevancia de su investigación artística. Ortiz de Zevallos mantiene un compromiso activo con la investigación y la colaboración. Su trabajo integra el Future Materials Bank, un repositorio que explora materiales innovadores y sostenibles, y es miembro activo de los colectivos Ensayos y entre-ríos, espacios de reflexión crítica y creación colaborativa que expanden los límites del arte contemporáneo peruano. A través de su práctica, Alejandra Ortiz de Zevallos no solo crea esculturas a partir de la transformación y comprensión de procesos de la naturaleza a través del tejido, y lo logra implementando conocimientos inmateriales de comunidades Teje narrativas complejas sobre nuestra existencia interconectando ancestralidad con un futuro que nos convoca, invitándonos a reconsiderar nuestra relación con el mundo natural y entre nosotros mismos. #AlejandraOrtizdeZevallos

clara ESPACIO DE ARTE

SOBRE LA OBRA

KHIPUY

En 2020, el Museo de Arte Contemporáneo de Lima - MALI comisionó la obra para la primera exposición arqueológica de Quipus. 

“Khipuy” significa “hacer un nudo” en quechua. Estos hilos buscan encarnar el verbo, configurando composiciones coreográficas en el espacio, donde el recorrido del cuerpo textil se hace presente. La obra se realizó en colaboración con las tejedoras de la comunidad de Kacllaraccay en Maras, Cusco. Está hecha de fibras de ichu andino retorcidas (soga) y lana de oveja y alpaca teñida con pigmentos botánicos. La pieza incorpora técnicas ancestrales como el q’eswa (retorcer), el hilado y el teñido tradicional.

Participaron en el proyecto:  Nicolas Villaume, Mater Iniciativa, Chazz Design Studio, Constanza Gainza, y la comunidad de Kacllaraccay en Maras, Cusco.

Khipuy

2020

Ichu y lana teñida con tintes botánicos

500 x 500 cm

Colección privada

Lecciones de tejido con la caña común: resiliencia de los hidrocomunes y escucha interior.

Por Alejandra Ortiz de Zevallos

¿Qué nos enseña la caña sobre los hidrocomunes? 2Este texto explora el vasto conocimiento que he adquirido a través de la interacción con la caña común (Phragmites australis) y mi intención de compartirlo mediante talleres de tejido3. Participar en el proceso de aprendizaje con esta planta crea una conexión sensorial que resalta la importancia de la escucha como una forma de presencia y sintonía con el material.

 

La caña es una planta resiliente que se reproduce en terrenos aparentemente inhóspitos, incluso en aguas contaminadas, lo que demuestra una fortaleza interior. Esto es similar a las prácticas ancestrales de tejido, que enfrentan desafíos en un mercado moderno centrado en la velocidad, pero que sobreviven gracias a la herencia del conocimiento. Trabajar con la caña es un ejercicio de reconocimiento y valoración de las propiedades de la planta y de la pertinencia de seguir utilizando prácticas textiles ancestrales.

 

La técnica ancestral del q‘eswa, evidenciada en la construcción del puente andino de Q‘eswachaka, es un ejemplo de perseverancia. En 2020, apliqué esta técnica a las hojas de caña en la costa de Lima, donde resido. Comencé a cosechar las cañas en áreas específicas de la ciudad por donde pasa el Río Surco, un canal prehispánico que hoy está enterrado por la urbanización. Esta experiencia me permitió revitalizar la conexión con el territorio y comprender su ciclo hidrológico, recordando que tanto las cañas como yo somos cuerpos de agua que compartimos el mismo origen hidrológico.

 

El propósito de este texto es compartir mis experiencias y enseñanzas con la caña, profundizando en sus usos artesanales y constructivos a lo largo de la historia mundial, así como en sus propiedades de biorremediación, que ofrecen una valiosa alternativa a la crisis actual —y futura— de escasez de agua. Finalmente, destaco la importancia de reconocer y compartir este conocimiento, enfatizando que aprender a torcer la caña no solo es una oportunidad para aprender sobre la planta y sus propiedades, sino también una invitación a sumergirse en un proceso físico de escucha interior y meditación.

Phragmites australis (caña común) es un tipo de caña que crece a lo largo de los bordes de ríos y lagunas. En los últimos años me he dedicado a observarla, cosecharla, lavarla, torcerla y tejerla. En el proceso, he llegado a comprender el valor ancestral de las prácticas de coexistencia vegetal y humana que han sobrevivido a lo largo de la historia. En el mundo acelerado de hoy que prioriza la productividad instantánea, creando un sentido de urgencia y la sensación de que siempre estamos apurados, las prácticas artesanales son un fenómeno de resiliencia y una oportunidad para reestructurar nuestro sistema de valores.

 

Torcer la caña comenzó como un ejercicio de reconexión con el lugar donde vivo, permitiéndome acercarme y comprender la red invisible de agua que nutre esta ciudad y nuestros cuerpos. Actualmente imparto talleres en los que enseño la técnica andina del q´eswa (cuerda), una invitación a la escucha interior y la sincronización con la planta. Es un proceso que propone reconectar con el cuerpo y sus ritmos de aprendizaje a través de un movimiento ancestral que yace en lo profundo de la memoria de nuestro ADN: la cuerda fue una de las primeras tecnologías desarrolladas por los humanos. Además, la fibra abre un espacio para cuestionar y comprender el funcionamiento del ciclo del agua que genera y regula nuestras interacciones entre especies.

 

Merleau-Ponty nos recuerda que el cuerpo es el medio a través del cual interactuamos con el mundo y adquirimos conocimiento sobre él. La percepción no es simplemente un proceso cognitivo que ocurre en el cerebro, sino una experiencia corporal que encarna el conocimiento (Merleau-Ponty 1945). En el acto de tejer, el conocimiento se produce y se interioriza a través del cuerpo, y este conocimiento se mantiene vivo a medida que la práctica continúa a lo largo del tiempo.

 

En el momento actual de crisis ecológica y humana, necesitamos urgentemente restablecer el vínculo con la naturaleza, entrenándonos en la escucha sensorial, en el sentido de que necesitamos recuperar la conciencia de ser parte de la naturaleza para poder tomar decisiones éticas que cuiden los ecosistemas, y las prácticas ancestrales pueden guiarnos en ese camino.

El Q‘eswa y el Q‘eswachaka
Santiago Pilco me enseñó a hacer el q‘eswa, que significa 'cuerda' en quechua, con fibra de ichu —pasto pluma peruano (Stipa ichu). Santiago es un agricultor y tejedor de la comunidad de Kacllaraccay en Maras, Cusco; lo conocí a través de Mater Iniciativa durante el proyecto Khipuy. El ichu es un tipo de pasto o hierba que pertenece a la familia de las gramíneas y crece en regiones de alta montaña, entre 3.000 y 4.600 metros sobre el nivel del mar30. Es un pasto perenne que se ha adaptado a la altitud extrema y al clima frío de los Andes31. Se utiliza como forraje para el ganado, para dar consistencia al adobe, para hacer techos y para construir puentes32. Cuando regresé a Lima, apliqué este conocimiento a la...[Continuar leyendo]​​​​​​

bottom of page