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Roldán Muñoz Agustín (Pucallpa, Perú, 1989), conocido por su nombre Shipibo-Konibo, Rawa, es una de las voces más poderosas y necesarias de la Amazonía peruana contemporánea. Nacido en la comunidad nativa de San Francisco de Yarinacocha (Ucayali), Rawa es artista y un joven maestro onaya (sanador tradicional) que ha dedicado su vida a plasmar la complejidad visual y energética de su herencia ancestral en la pintura y la música. 

Su trayectoria se forjó lejos de las academias de arte convencionales, siendo instruido desde la infancia por su padre, el reconocido sabio Antonio Muñoz Burga, maestro Senenpani que en castellano significa “Energía vertical suspendida en el espacio”, y su abuelo Martín Muñoz Pacaya, maestro Metsa Rawa, que en castellano significa "Hermoso hombre guerrero que viaja por el mundo espiritual"**. Rawa, dice, no es Metsa rawa, es solo, Rawa. De ellos heredó el profundo conocimiento de la medicina tradicional amazónica y, crucialmente, el dominio de los ícaros*, cantos sanadores,  y la decodificación de la visión de la Ayahuasca. Este conocimiento chamánico no es periférico; es el cimiento, el tema y la técnica de su obra. 

Un mapa del cosmos y la curación, la esencia de la obra de Rawa reside en el Kené, el arte geométrico sagrado del pueblo Shipibo-Konibo. El Kené es un lenguaje gráfico complejo que representa el orden cósmico, los patrones vibracionales de la naturaleza, las rutas de navegación fluvial y, fundamentalmente, las fórmulas de curación visualizadas durante una ceremonia de Ayahuasca (Banisteriopsis caapi).

El artista se define como un intermediario y sus lienzos son portales que capturan las visiones lumínicas que le proporciona la planta maestra, transformando la experiencia efímera en un registro permanente. La pintura de Rawa se enfoca en la energía y la estructura del sonido en donde casi siempre se presentan, juntos a diseños Kené, especies de plantas, chakruna y ayahuasca; y animales y figuras humanas extáticas. Los ícaros, cantos de curación, que él entona durante sus ceremonias se traducen en líneas, simetrías y colores vibrantes sobre la tela, creando una sinestesia visual que busca resonar y sanar al espectador.

Rawa Muñoz maestro onaya shipibo konibo

Retrato de Rawa Muñoz por Yayo López.

Su paleta cromática es rica y simbólica, dominada por los colores de la flora y la fauna amazónica, entrelazados con el blanco y negro del patrón Kene. Esta práctica lo posiciona no solo como un artista que ilustra su cultura, sino como un custodio y practicante activo de la misma, llevando los diseños sagrados sobre tela a los formatos de colecciones nacionales. Rawa Muñoz es un exponente de la dualidad cultural y profesional. A su rol de maestro onaya y pintor, se suma su faceta como músico y Licenciado en Derecho, lo que le otorga una voz única para defender la cosmovisión de su pueblo. En el ámbito musical, Rawa ha extendido su práctica del ícaro a diversos escenarios. Ha colaborado con distintas bandas de música, destacando su participación vocal junto a la reconocida banda El Hombre Misterioso. También ha sido una voz fundamental en el proyecto de música amazónica Los Shipibos de Pucallpa y ha participado en la agrupación Mundo Kené, fusionando el sonido tradicional Shipibo-Konibo con instrumentación contemporánea. Su trabajo ha sido ampliamente exhibido en Perú e internacionalmente, validando la relevancia de los conocimientos del pueblo shipibo - konibo sobre las plantas para uso medicional y la transmisión a través del arte tradicional y sus relaciones con el discurso del arte contemporáneo. La obra se Rawa se ha mostrado en exposiciones individuales en la Sala Dadá de Barranco, Lima; en el LUM, su obra forma parte de colecciones privadas y ha sido adquirida por el Ministerio de Cultura. Ha compartido su conocimiento en conferencias en prestigiosas instituciones como la Universidad del Pacífico, la PUCP y la UCV. Recientemente, ha explorado la aplicación de su conocimiento curativo a través de la sanación vibracional, como en proyectos como ORIQI Soundhealing, demostrando que su arte es una práctica holística. Rawa Muñoz Agustín se erige como un puente esencial entre el ancestral mundo Shipibo-Konibo y la sensibilidad artística contemporánea. Su obra no solo deslumbra por su maestría técnica en la geometría sagrada, sino que invita a una profunda reflexión sobre la interconexión entre el arte, la medicina, la ecología y la identidad. Es un testimonio visual y energético de la resistencia cultural y de la sabiduría inherente a la Amazonía. * Los "íkaros" son cantos del pueblo Shipibo-Konibo-Xetebo (Perú) declarados Patrimonio Cultural de la Nación en 2016, reconociendo su importancia como expresión de la conexión con la naturaleza y como elementos fundamentales de su cosmovisión. ** La lengua shipibo-konibo: ISO (shp) pertenece a la familia Pano y es hablada en las cuencas de los ríos Ucayali, Pisqui, Madre de Dios y Rímac, y la quebrada Genepanshea, de los departamentos de Huánuco, Loreto, Madre de Dios, Ucayali y Lima. Tradicionalmente, ha sido conocida también como shipibo, joni, chioeo-conivo, aunque hoy los propios hablantes prefieren llamarla shipibo-konibo. ​#RawaMuñoz

clara ESPACIO DE ARTE

clara ESPACIO DE ARTE

PATRIMONIO DE UNA NACIÓN

HERENCIA INMATERIAL

Una cosmovisión materializada en ícaros y kené

Senen Pani y Rawa. 2017 maestros onayas shipibo konibo

Rawa y su padre, Senen Pani, en el escenario junto a El Hombre Misterioso en el LUM, 2017. 

SOBRE LA OBRA

KENÉ
ARQUITECTURA DE LA LUZ  

Por Claire Jaureguy 

El Kené —la matriz geométrica y cosmogónica del pueblo Shipibo-Konibo— trasciende la catalogación formal para constituirse como una de las expresiones inmateriales más complejas del Perú. Su reconocimiento como Patrimonio Cultural de la Nación* no es el punto final de su valor, sino el inicio de un fascinante debate sobre cómo la oficialidad administra el arte y el conocimiento.

El Kené es, en esencia, la Teoría de la Luz del cosmos amazónico. No representa objetos, sino el patrón vibracional de la realidad que se revela al sanador, al onaya, a través de los ícaros y la visión de la Ayahuasca. Cada línea, cada simetría y cada espacio negativo no son decorativos; son la transcripción gráfica de la energía, del sonido y de la fórmula de la curación. Para algunos, es un arte sinestésico: lo que se canta se ve, y lo que se ve se pinta, utilizando la visión como médium para traducir el espectro inmaterial de la vida en la Amazonía a la bidimensionalidad de la tela, la cerámica o la piel.

Es precisamente esta naturaleza dinámica, intrínseca y vital, lo que obliga a confrontar el Kené con la teoría de la patrimonialización. El patrimonio como un proceso activo, donde la cultura se convierte en un producto que se exhibe y se gestiona, sufriendo un desplazamiento de una realidad, desde el ritual, el uso diario; hacia el museo, desde la representación, el documento oficial.

Al ser reconocido por el Estado, el Kené entra en esta lógica. La visión geométrica, el patrón de infinitas formas y colores, ahora es un "bien cultural" que debe ser documentado, promovido y conservado.

La paradoja es evidente: la luz que da vida y significado al Kené es, por naturaleza, fluida y efímera. Al pasar por el filtro de la patrimonialización, existe el riesgo de que esta luz quede congelada en una aparente imagen estática. La paradoja para la sociedad peruana contemporánea está en comprender que la patrimonialización no no expropia un bien de una comunidad para beneficio del Estado; sino que reconoce el valor de los conocimientos y saberes que definen una cosmovisión y estética del pueblo shipibo. Cuando se privilegia la superficie del diseño, el artefacto expuesto, sobre la profundidad del proceso; es decir la visión y el canto que lo crearon, se le resta valor. El desafío del Estado no es solo proteger las formas del Kené; es decir, por ejemplo un mural pintado o un textil; sino salvaguardar las condiciones ecosistémicas y rituales que permiten que la luz del conocimiento se siga manifestando en las nuevas generaciones de onayas y artistas para el bienestar de todos.

El Kené es un poderoso recordatorio de que la gestión del patrimonio inmaterial no es una simple labor de archivo, sino una compleja ética de la representación. La potencia de esta geometría reside en su resistencia a ser meramente un objeto, exigiendo ser comprendida como una ciencia visual viva que sigue iluminando el camino de la curación y la cosmovisión Shipibo-Konibo. Su verdadero valor patrimonial reside en su capacidad de seguir siendo, como la luz, irreduciblemente inmaterial, inevitablemente arte.

*En 2008 el señor Jorge Luis Baca de las Casas, en representación colectivo de artistas shipibo-konibo Barin Bababo (Hijos del Sol), presentó una solicitud de declaratoria de patrimonio de los diseños kené a la Dirección de Estudio y Registro de la Cultura en el Perú Contemporáneo.

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